Caleta Maitencillo, un lugar idílico de la costa central de Chile, ha vuelto a la vida. En los años ’80 cayó tanto la pesca de pescados y mariscos en la caleta, que quince familias tuvieron que emigrar a otras partes de Chile.
Hoy diez han vuelto al escuchar que Caleta Maitencillo es hoy el primer centro experimental de la pesca artesanal en el país lo que les garantizará un ingreso mínimo de 150 mil pesos mensuales. Actualmente subsisten con 600 mil pesos anuales que les da la cosecha de mariscos.
El buzo Guillermo Gómez es uno de los que volvió después de 12 años en los que trabajó desde Arica a Punta Arenas. Gómez es uno de los 48 miembros de la cooperativa de pescadores de Maitencillo embarcado en un proyecto común: el cultivo de mariscos de erizos y lapas. Los pescadores artesanales han pasado así de ser sólo extractores de recursos a cultivadores y repobladores en un ambiente natural.
Caleta Maitencillo es un ‘área de manejo’ legalmente establecida que ha sido entregada en concesión a los pescadores artesanales. Pero a pesar de tener derecho exclusivo a la pesca en esta área, las cuotas de extracción de mariscos y la cantidad de pesca no les permitía sobrevivir. Ahora las esperanzas están puestas en las pequeñas larvas de erizos y lapas, invisibles a la vista, que pueblan los estanques de 500 litros de agua de mar purificada ubicados a la orilla del mar. La meta es triplicar la población de erizos, lapas y quizás locos en la caleta, para lo cual tendrán que esperar siete años más.
Las larvas nacieron de espermios y óvulos obtenidos artificialmente de erizos y lapas. Se alimentan de microalgas y una vez que han alcanzado cierto porte, son colocadas en unas planchas que se insertan en una estructura de cemento protegida con red contra depredadores, que se coloca en el mar.
Los pescadores reciben asistencia técnica de sus socios de la Universidad del Mar y las instalaciones fueron financiadas con un proyecto del Programa de Pequeños Subsidios, que distribuye recursos del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF en inglés), administrado por el PNUD-Chile.
“Los pescadores estaban acostumbrados a pescar y gastar la plata en el día”, dice Ramón Barría, Presidente del Sindicato de Pescadores de Caleta Maitencillo. “Nunca nos imaginamos que estaríamos trabajando para el largo plazo.” El arreglo es que los pescadores tienen que dar uno o más días de su semana para patrullar el área y asegurarse que otros pescadores no entren a la caleta.
No sólo la acuicultura les ha cambiado la vida sino que establecieron un convenio con la Universidad del Mar y Barría y diez de los hijos de los pescadores están estudiando en la universidad para ser técnicos en acuicultura.
Los tecnólogos que reproducen los erizos y lapas también realizan educación ambiental. El centro es visitado por colegios y por habitantes de la zona interesados en la iniciativa. Además, asesoran a otras caletas para que puedan copiar el modelo y hasta han recibido solicitudes de información desde el exterior.
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