| La
prevención de desastres podría salvar
millones de vidas
Miles de millones de personas—cerca del 75% de la
población del mundo—en más de 100
países están expuestas periódicamente
a un terremoto, un ciclón tropical, una inundación
o una sequía. Datos sobre la vulnerabilidad de
los países, el riesgo y la relación entre
el número de las víctimas que dejan los
desastres aparecen en el informe más extenso publicado
hasta ahora lanzado el 4 de febrero de 2004 en Washington.
El informe “Reduciendo el riesgo de desastres: Un
desafío para el desarrollo", fue realizado
por un equipo de expertos de las Naciones Unidos, gobiernos,
organizaciones no gubernamentales y círculos académicos,
bajo la dirección del PNUD.
La violencia y sorpresa de estos desastres
se puso en evidencia nuevamente el 24 de febrero de este
año cuando un terremoto con su epicentro en el
estrecho de Gibraltar destruyó casi completamente
la ciudad marroquí de Alhucemas, sepultando bajo
los escombros a medio millar de personas. Un número
similar de víctimas había cobrado el terremoto
ocurrido el 26 de diciembre en Bam, en el Irán.
Como promedio, los desastres naturales
cobran 184 muertes al día - más de 1,5 millones
de muertes entre 1980 y 2000. Las tasas de mortalidad
son infinitamente más elevadas en los países
pobres que en los países ricos, aun cuando la exposición
a los desastres sea la misma. La inevitable conclusión
es que lo que realmente mata es la pobreza, no las fuerzas
de la naturaleza: sólo el 11% de las personas expuestas
a peligros naturales vive en países pobres, pero
más del 53% del número total de muertes
registradas se produce en esos países.
“En cierto sentido, lo que sostiene
el informe es que esos desastres no tienen nada de ‘natural’,”
dijo Andrew Maskrey, coautor del informe y Jefe de la
Dependencia de Reducción de los Desastres, con
base en Ginebra. “Las consecuencias de los desastres
pueden reducirse considerablemente si los gobiernos se
esfuerzan por reducir los riesgos antes de que se produzca
un desastre, en lugar de apresurarse a responder después
de que el daño se ha producido.”
Entre las recomendaciones del informe
figuran las siguientes:
- Los gobiernos deberían llegar a comprender
claramente la profundidad y el alcance de los peligros,
la vulnerabilidad y las pérdidas causadas por
los desastres.
- Los gobiernos deberían hacer una mejor utilización
del análisis de los datos y del riesgo como base
para la adopción de decisiones de política.
- Los gobiernos deberían regular mejor el desarrollo,
teniendo en mente los factores que pueden aumentar la
vulnerabilidad ante los desastres, tales como el crecimiento
urbano elevado y desregulado en zonas expuestas a terremotos.
- El riesgo de desastres debería formar parte
integral de la planificación para el desarrollo—aspecto
particularmente importante durante la reconstrucción
posterior a los desastres.
Durante los dos decenios observados,
de 1980 a 2000, Armenia, Etiopía, Honduras, la
República Popular Democrática de Corea y
el Sudán tuvieron el número más elevado
de muertes en desastres naturales en relación con
su población total. La República Popular
Democrática de Corea tuvo la tasa anual más
elevada de muertes por cada millón de habitantes
(606), seguida de Mozambique (328), Armenia (324), el
Sudán (275) y Etiopía (273).
Consecuencias
económicas
Los expertos en mitigación de
desastres señalan que el número de muertes
derivadas de los desastres naturales es sólo la
punta del iceberg. Las consecuencias económicas,
combinadas con las consecuencias humanas, pueden ser devastadoras
para las poblaciones que ya viven marginadas.
En el decenio de 1990, los desastres
ocasionaron pérdidas al desarrollo por un monto
de 660.000 millones de dólares. Pero la mayoría
de esas pérdidas se concentraron en los países
más ricos. De ahí que la suma no ilustre
adecuadamente los efectos de los desastres en los países
pobres.
El nuevo informe también sostiene
que esas pérdidas pueden interactuar con otras
dificultades financieras, políticas, sanitarias
y ambientales, y agravarlas. Por consiguiente, recomienda
que en los planes políticos para cumplir los objetivos
de desarrollo del Milenio, aprobados por los líderes
mundiales en la Cumbre del Milenio celebrada en Nueva
York, se tenga en cuenta el riesgo de desastres.
Las pérdidas producidas por los
desastres pueden ser costos directos, como daños
físicos a carreteras, suministros de electricidad,
y casas, escuelas y edificios de oficinas, o costos indirectos,
incluidos los trastornos relacionados con la productividad
y la pérdida de ingresos. La interrupción
de los servicios básicos, como las líneas
telefónicas o el suministro de agua, también
pueden tener consecuencias graves. Sin embargo, los costos
indirectos a menudo son parcialmente compensados por los
efectos positivos generados por los esfuerzos de rehabilitación
y reconstrucción, como el aumento de la actividad
en la industria de la construcción.
Las investigaciones en curso sugieren
que los efectos secundarios de los desastres pueden tener
consecuencias considerables para el desarrollo humano
y económico a largo plazo. De manera más
obvia, los desastres afectan al ritmo y al carácter
de la acumulación de capital. La posibilidad de
desastres futuros también puede ser un desincentivo
para los inversionistas.
Estado de
desarrollo y muertes provocadas por desastres
El índice del riesgo de desastres
Un índice del riesgo de desastres elaborado recientemente
sobre la base de datos sobre terremotos, inundaciones
y ciclones tropicales de mediana y gran escala ocurridos
entre 1980 - 2000 prueba claramente el vínculo
existente entre la pobreza y niveles altos de vulnerabilidad
ante los desastres naturales.
El innovador índice facilita la
medición y la comparación de la exposición,
la vulnerabilidad y el riesgo en materia de desastres
entre países. También contribuye a identificar
signos de vulnerabilidad arraigados en actividades de
desarrollo que pueden contribuir a elevar el riesgo de
desastres. Proporciona elementos cuantitativos que ayudan
a los encargados de elaborar las políticas a abogar
por cambios en la política de desarrollo y en la
planificación para el desarrollo a fin de encarar
y reducir el riesgo de desastres.
También identifica algunas variables
socioeconómicas y ambientales que permiten establecer
una relación directa entre riesgo y muerte y que
pueden indicar procesos que aumentan el riesgo de desastres.
Terremotos
Cerca de 130 millones de personas estuvieron expuestas
cada año al riesgo de terremotos entre 1980 y 2000.
Durante el mismo período, cerca de 160.000 muertes
se vincularon con terremotos en todo el mundo.
Un análisis de la vulnerabilidad
muestra que países como el Afganistán, la
India y el Irán, en que se producen terremotos
con frecuencia, sufren proporcionalmente mayores pérdidas
de vida que otros países que están igualmente
expuestos, como Chile y los Estados Unidos.
Un análisis posterior mostró
que el riesgo de morir en un terremoto era mayor en los
países con un crecimiento urbano rápido.
El crecimiento urbano en sí mismo no explica la
vulnerabilidad ante los terremotos, pero en muchas ciudades
de crecimiento rápido, el riesgo de terremotos
no se han tenido en cuenta en la construcción y
planificación. El mapa del mundo que figura más
adelante contiene una representación del riesgo
de terremotos.
Ciclones
tropicales
Hasta 119 millones de personas están expuestas
anualmente a ciclones tropicales – algunas de ellas
más de cuatro veces al año. En las dos décadas
anteriores al 2000 más de 250.000 muertes en todo
el mundo murieron a causa de los ciclones tropicales.
Más del 60% de las muertes en ese período
corresponden a Bangladesh, mientras que Filipinas tiene
la frecuencia más elevada de ciclones tropicales
con muertes registradas.
Un total de 84 países están
expuestos a ciclones tropicales. Los países más
expuestos al riesgo de ciclones tienen zonas costeras
muy pobladas y especialmente deltas densamente poblados,
como Bangladesh, China, Filipinas, la India y el Japón.
La comparación del tamaño
de las poblaciones expuestas con el número de muertes
registradas como consecuencia de ciclones tropicales se
utiliza como medida de la vulnerabilidad a la muerte por
ciclones tropicales. Los Estados situados más cerca
del borde superior izquierdo del gráfico que figura
a continuación muestran la vulnerabilidad relativa
más elevada.
Honduras y Nicaragua, pese a no estar entre los países
con la exposición física más elevada,
aparecen como los países más vulnerables
en el período comprendido entre 1980 y 2000. Esto
refleja la extraordinaria magnitud y duración y
los efectos humanos devastadores del huracán Mitch,
que azotó la región en 1998.
Una buena parte de los efectos del huracán
Mitch en Honduras y Nicaragua no se debió a los
fuertes vientos huracanados, sino al gran número
de inundaciones, crecidas repentinas, deslizamientos de
tierra y corrientes de desechos desencadenados por el
huracán. La gravedad de esos siniestros secundarios
se vio intensificada por los efectos de procesos de degradación
ambiental que se produjeron a lo largo de varios decenios.
Todos esos siniestros coincidieron con una población
muy vulnerable tanto desde el punto de vista social como
económico y deficiencias en la alerta temprana
y la preparación para casos de desastres que causaron
numerosas pérdidas de vida.
Haití tiene una vulnerabilidad
relativa muy alta, vinculada quizás a su frágil
economía, la degradación de su medio ambiente
y la debilidad de las instituciones de gobierno. Cuba
y Mauricio son los países menos vulnerables, pese
al hecho de que proporciones relativamente elevadas de
sus poblaciones están expuestas a ciclones tropicales.
Una de las pocas historias exitosas en
este terreno es un programa de preparación para
hacer frente a ciclones en Bangladesh. Mediante la combinación
de refugios para protegerse de los ciclones y medidas
de preparación basadas en la comunidad, el programa
ha logrado reducir considerablemente el nivel de la vulnerabilidad
del decenio de l970 a los niveles (todavía elevados)
observados en el período al que se refiere el informe.
Peligro
de inundaciones
Casi 200 millones de personas en más de 90 países
están expuestas anualmente a inundaciones catastróficas.
Entre 1980 y 2000, unas 170,000 muertes estuvieron vinculadas
a inundaciones en todo el mundo.
Países populosos del Asia meridional
(Bangladesh, la India) son de los países que tienen
el número más elevado de personas expuestas
tanto en lo que se refiere a su población absoluta
y como proporción de las poblaciones nacionales.
Ello se vincula a las poblaciones numerosas
que viven en amplias llanuras que pueden ser inundadas
por ríos y en zonas costeras bajas. Estados menos
populosos con topografía montañosa (Ecuador,
Nepal) y Estados centroamericanos y andinos se cuentan
entre los que tienen poblaciones numerosas, en términos
absolutos y proporcionales, expuestas a las inundaciones.
Aunque estos países son más montañosos
que los del Asia meridional, cuentan con muchos centros
de población situados en llanuras inundables por
ríos.
El estudio arrojó que la vulnerabilidad
a las inundaciones estaba vinculada al Producto Interno
Bruto (PIB) per cápita, que era inversamente proporcional
al número de muertes registradas. Había
una correlación negativa entre las muertes causadas
por inundaciones y la densidad de la población
a escala local. Por consiguiente, los países con
bajo PIB per cápita, números elevados de
personas expuestas y bajas densidades de población
corrían mayores riesgos de sufrir inundaciones.
Asistencia
técnica y apoyo financiero en el manejo
de desastres y riesgo en América Latina
La Unidad de
Reducción de Desastres del Bureau de Prevención
de Crisis y Recuperación del PNUD trabaja
con en Bureau Regional para América Latina
y el Caribe desde 1998 proveyendo asistencia técnica
y apoyo financiero a las oficinas locales del
PNUD en el manejo de desastres y riesgo.
El PNUD ha realizado
actividades en Argentina, Barbados, Belice, Bolivia,
Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República
Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana,
Haití Honduras, Jamaica, Montserrat, Nicaragua,
Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela.
En el 2002 en
Chile la Unidad de Reducción de Desastres
contribuyó al fortalecimiento del comité
de protección civil formado para lidiar
con las inundaciones de 2002 y gestión
de riesgo en la región de Coquimbo. Ese
mismo año, en Argentina, participó
en el combate y la rehabilitación por las
inundaciones en la Cuenca del Arroyo Quinto. Los
proyectos realizados en el Cono Sur en los últimos
dos años incluyen las inundaciones en la
Cuenca del Arroyo Quinto.
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