El
Informe 2004 sostiene que la libertad cultural es esencial
para el desarrollo humano
Según el Informe
sobre Desarrollo Humano 2004 y en lo que constituye un
innovador análisis de la política de la
identidad en todo el mundo, la libertad cultural debe
ser adoptada como uno más de los derechos humanos
básicos y como un requisito para conseguir el desarrollo
de las cada vez más diversas sociedades
del Siglo XXI.
El informe, La libertad
cultural en el mundo diverso de hoy, fue presentado
el 15 de julio de 2004 en una ceremonia pública
que contó con la presencia del Primer Ministro
Guy Verhofstadt y el Administrador del Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Mark Malloch
Brown.
Bélgica, país
donde flamencos y valones trabajan desde hace tiempo para
forjar un acuerdo favorable para todos, es citado por
el informe como un valioso ejemplo para otros estados
multiculturales.
En un análisis integral en torno a los temas de
la identidad de un gran número de comunidades y
naciones, el Informe sobre Desarrollo Humano 2004
aborda un amplio abanico de políticas públicas
aplicadas por naciones y comunidades multiculturales,
desde la educación bilingüe y los planes de
discriminación positiva, hasta sistemas innovadores
de representación proporcional y federalismo.
En efecto, los autores
sostienen que todo individuo tiene derecho a mantener
su identidad étnica, lingüística y
religiosa y que la aplicación de políticas
que a la vez reconozcan y protejan estas identidades es
la única manera sostenible de conseguir el desarrollo
en sociedades diversas. También sostienen que la
globalización no puede tener éxito a menos
que se protejan y respeten además las libertades
culturales y alientan a hacerse cargo y vencer la resistencia
a la diversidad cultural que se funda en posturas xenofóbicas.
“Si el mundo desea
lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio y erradicar
definitivamente la pobreza, primero debe enfrentar con
éxito el desafío de construir sociedades
inclusivas y diversas en términos culturales,”
escribe Malloch Brown en el prefacio del informe.
La elaboración del informe estuvo a cargo de la
Directora del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD
Sakiko Fukuda-Parr, como autora principal de éste,
el cual se inicia con un capítulo introductorio
que fija tendencias escrito por Amartya Sen, ganador del
Premio Nóbel en Economía 1998 y uno de los
creadores de los Informes sobre Desarrollo Humano del
PNUD.
“Más que
glorificar un apoyo irrestricto a las tradiciones heredadas
o advertir al mundo respecto de los supuestos choques
inevitables entre civilizaciones, el punto de vista del
desarrollo humano exige que la atención se centre
en la importancia de la libertad en las esferas culturales
y en las maneras de defender y aumentar las libertades
culturales de las que podría gozar la gente,”
escribe Sen.
El informe también
incluye contribuciones especiales de:
- Nelson Mandela, ex
presidente de Sudáfrica, quien nos recuerda
que la campaña contra el apartheid fue una
lucha contra todo tipo de discriminación :
“Una vez que ganamos el poder,” escribe
Mandela, “escogimos concebir como una fortaleza
esa diversidad de colores y lenguas que otrora fuera
utilizada para dividirnos;”
- Shirin Ebadi, Ganador
del Premio Nóbel de la Paz 2003, abogado y
activista por
los derechos humanos iraní, quien arguye que
“todas las culturas comparten algunos principios”
independientemente de sus diferencias étnicas
o religiosas;
- John Hume, uno de
los galardonados con el Premio Nóbel de la
Paz de 1998 por haber logrado la pacificación
de Irlanda del Norte, su país de origen, quien
observa que la Unión Europea ha logrado “ha
logrado que su amplio abanico de tradiciones deje
de ser motivo de conflictos para convertirse en una
simiente de unificación;”
- Hamid Karzai, Presidente
de Afganistán, quien destaca las complejidades
de la identidad lingüística de su país,
donde la constitución le otorga el mismo estatus
a dos idiomas principales a la vez que reconoce otras
lenguas minoritarias: “debemos proceder con
cautela para asegurar que la oficialización
de las lenguas regionales contribuya a la integración
nacional más que al aislamiento de las comunidades.”
El Informe sobre Desarrollo
Humano 2004 ya está desencadenando el debate
en sociedades que intentan resolver complejos temas relativos
a la política de la identidad; se han organizado
foros públicos en respuesta al informe en lugares
como Sarajevo, Kuala Lumpur, Ciudad de Guatemala, Abuja,
Washington DC y otras ciudades con realidades enriquecidas
por la conformación multiétnica de sus sociedades.
El informe consigna que uno de los temas más acuciantes
que afectan tanto la estabilidad internacional como el
desarrollo humano en el Siglo XXI consiste en la reivindicación
de diversos grupos que se identifican por su etnia, religión
y lengua en su búsqueda por obtener reconocimiento
e igualdad. En efecto, más de 5.000 grupos étnicos
diferentes viven en los aproximadamente 200 países
que existen hoy en el mundo y en dos de cada tres países
hay al menos un grupo minoritario considerable, ya sea
étnico o religioso, que representa al 10% de la
población o más.
Además, y según
los resultados de un estudio titulado Proyecto “Minorías
en Riesgo” realizado por la Universidad de Maryland
y citado en el Informe sobre Desarrollo Humano 2004,
la séptima parte de la población mundial—alrededor
de 900 millones de personas—enfrenta algún
tipo de discriminación a causa de su identidad
étnica, racial o religiosa.
No obstante, los autores
destacan que cuando las libertades culturales se ejercen
en plenitud, el pluralismo puede ser una fuente de armonía
política y vitalidad económica y citan numerosos
ejemplos concretos de tales éxitos, desde las potencias
industriales enriquecidas por sucesivas oleadas de inmigrantes
como Estados Unidos y Canadá hasta las naciones
compuestas por múltiples etnias indígenas
de Asia y África. Según Fukuda-Parr, “Si
bien la libertad cultural, una idea simple pero con una
profundidad que resulta inquietante, se contradice con
lo que la mayoría de los estados han practicado
durante siglos, el creciente clamor con que se alza en
el Siglo XXI es imposible de eludir”.

Tensiones y exclusiones
étnicas
Los grupos étnicos
y religiosos que son excluidos o sometidos a prácticas
denigrantes por parte del resto de la sociedad están
respondiendo a través del activismo político.
En tales circunstancias, la política de la identidad
puede polarizar a comunidades y naciones enteras, esparcir
odio y amenazar con destruir la paz y el desarrollo.
Desde los pueblos indígenas
en América Latina y las minorías religiosas
del Sudeste Asiático hasta las minorías
étnicas de los Balcanes, los chiítas, los
suníes y los kurdos en Irak, los grupos étnicos
de África y los inmigrantes en Europa Occidental,
mucha gente se moviliza hoy por motivos étnicos,
religiosos, raciales y culturales. Tal fenómeno
se debe a muchos factores que convergen, entre ellos:
- La propagación
de la democracia, debido a lo cual los grupos excluidos
cuentan con mayor espacio y alternativas políticas
para protestar sobre la base de resentimientos históricos;
- Los avances de la
globalización y las comunicaciones que permiten
la creación de nuevas redes y alianzas;
- El acelerado ritmo
de la migración internacional, lo que permite
la formación de bases de apoyo fuera del país
de origen que abogan por las demandas de reconocimiento
cultural.
Según el informe,
la libertad cultural es una necesidad tan vital para el
desarrollo humano como lo son la democracia y las oportunidades
económicas. Aquellas políticas que dan cabida
a la diversidad y propician el multiculturalismo deben
ser integradas al proceso de desarrollo con el fin de
garantizar el crecimiento, la estabilidad y la solidez
de la gobernabilidad democrática.
El desafío
que presenta la inmigración
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Las
décadas finales del Siglo XX fueron testigo
de una de las mayores oleadas migratorias de la
historia humana. En efecto, la cantidad de emigrantes
desde Asia, África y el continente Americano
hacia la Unión Europea registró
un brusco aumento de aproximadamente el 75% entre
1980 y 2000. América del Norte registró
un influjo aun mayor y la cantidad total de residentes
de Estados Unidos nacidos en otros países
se incrementó en un 145% en el mismo período,
desde 14 millones a 35 millones.
Otros ejemplos
son Canadá, donde las personas nacidas
en otros países constituyen alrededor del
44% del total de habitantes de Toronto, la principal
ciudad del país, y algunos países
pequeños como Singapur y ciertos estados
del Golfo Pérsico, donde los trabajadores
invitados y otros inmigrantes comprenden la tercera
parte o más de la población residente.
No son sólo
meras cifras lo que marca la diferencia entre
este fenómeno y las oleadas migratorias
de siglos anteriores, sino la función transformadora
de la tecnología: en todo el mundo, la
revolución de las telecomunicaciones y
el transporte permite a los inmigrantes mantener,
al mismo tiempo, dos o incluso muchas identidades
e intereses.
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Según los autores
del informe, en la actualidad los inmigrantes quieren
seguir involucrados en el quehacer de su país de
origen y deberían poder hacerlo sin que esto signifique
poner en riesgo su compromiso o lealtad con el nuevo hogar
adoptivo. Además, arguyen que en lugar de seguir
insistiendo en la asimilación, los países
que reciben a las poblaciones inmigrantes deben dar cabida
a la diversidad y aplicar nuevas políticas de reconocimiento
cultural.
La cultura como
un producto global
Los bienes culturales
son diferentes de otros productos comerciales en cuanto
“transmiten ideas, símbolos y modos de vida
y son una parte intrínseca de la identidad de la
comunidad que los produce,” según las palabras
de los autores, quienes además propician las excepciones
de las que son objeto los bienes culturales en los acuerdos
comerciales internacionales. Según ellos, dejar
el tema sólo en manos de las fuerzas de mercado
reduciría drásticamente la diversidad cultural
presente en las artes, lo cual en última instancia
perjudicaría a la cultura mundial. En este sentido,
las pruebas en cifras son contundentes:
- El comercio mundial
de medios de entretenimiento—películas,
radio y televisión, música, literatura
y artes visuales—se ha cuadruplicado durante
las últimas dos décadas, desde US$95
mil millones al año a una cifra estimada de
US$380 mil millones. Alrededor del 80% de este flujo
comercial cultural se origina sólo en
13 países, liderados por Estados Unidos.
- Sólo las producciones
de Estados Unidos dan cuenta de alrededor del 85%
de las películas proyectadas en todo el mundo.
Las diez películas más taquilleras de
todos los tiempos en mercados fuera de Estados Unidos
son realizaciones exclusivas de Estados Unidos, lideradas
por el filme Titanic de 1997, el que ganó más
de US$1,2 mil millones en los mercados internacionales.
Sin embargo, los autores también alertan contra
el uso de cuotas o barreras comerciales para restringir
las importaciones de bienes culturales y recurren a los
ejemplos de la industria cinematográfica porque
son los más significativos en cuanto a cifras.
El informe cita modelos alternativos, como los que aplica
Argentina y Brasil, y que consisten en ofrecer incentivos
financieros a la producción cinematográfica
nacional sin imponer barreras a las importaciones culturales.
Por otra parte, Francia
gasta alrededor de US$400 millones al año para
apoyar a una industria cinematográfica que produce
más de 180 largometrajes al año y en Egipto,
la Sociedad Cinematográfica Egipcia logró
financiar la construcción de nuevos estudios gracias
a la ayuda brindada por una asociación entre el
sector público y el privado.
Federalismo multicultural
A las sociedades donde
residen múltiples grupos étnicos o lingüísticos
concentrados en términos geográficos el
informe les recomienda el enfoque del “federalismo
asimétrico” como una manera de manejar con
éxito una sociedad multicultural. En tales sistemas,
los poderes que se otorgan a las sub-unidades no son idénticos
y algunas regiones cuentan con diferentes tipos de autonomía
respecto de otras.
Los estados federales
pueden dar cabida a distinciones específicas en
sus estructuras políticas, administrativas y económicas,
como es el caso de la incorporación de Borneo a
la Federación de Malasia en 1963. Esas medidas
especiales permiten a los grupos concentrados en un territorio
mantener su identidad bajo el mandato de una autoridad
nacional más amplia y reducen la posibilidad de
que surjan situaciones de violencia étnica o demandas
separatistas.
Casi todas las principales democracias que alojan diversidades
lingüísticas o étnicas practican cierta
forma de federalismo asimétrico y los ejemplos
más prominentes son Bélgica, la Federación
Suiza y España. El éxito de estos esquemas
federales dependerá del cuidado que se ejerza en
el diseño y de la voluntad política para
mejorar el funcionamiento democrático del sistema.
Lo que importa es si las disposiciones acogen las diferencias
más trascendentales y simultáneamente refuerzan
las lealtades nacionales.
Libertad de credo y políticas
públicas
Los estados también
tienen la responsabilidad de proteger los derechos y asegurar
las libertades de todos sus miembros y de no discriminar
por motivos religiosos. En este sentido, los estados no
discriminatorios deben proteger la libertad de credo y
las opciones individuales:
- Todos deberían
tener el derecho a criticar, poner en duda o desafiar
el predominio de una interpretación
particular de creencias básicas.
- El clero u otras
jerarquías eclesiásticas deben tener
el mismo estatus que el resto de los ciudadanos.
- Las personas que
profesan una religión determinada deben tener
derecho a criticar en forma responsable las prácticas
y creencias de otras religiones.
- Los individuos deben
tener la libertad no sólo de criticar la religión
en la cual nacieron sino también de rechazarla
y optar por otra o de permanecer sin credo alguno.
Medidas de discriminación
positiva—la corrección de las desventajas
colectivas

El informe sostiene que
las políticas de discriminación positiva
son necesarias cuando se trata de desventajas colectivas.
La India registra el historial más prolongado
del mundo en cuanto a la aplicación de tales políticas,
conocidas como “excepciones”, las que han
impulsado un cambio tanto en la naturaleza como en la
composición de la clase media del país.
En efecto, una parte considerable de la clase media actual
está compuesta por la segunda y tercera generación
de los beneficiarios de tales “excepciones”.
También se pueden aplicar adaptaciones innovadoras
de las medidas positivas para rectificar la subrepresentación
de los pueblos indígenas en las legislaturas de
los países de América Latina y en otras
instituciones gubernamentales.
El aumento registrado
en Estados Unidos del porcentaje de abogados, jueces,
médicos, ingenieros y profesores universitarios
afroamericanos se puede atribuir directamente a las medidas
de discriminación positiva aplicadas en ese país.
Sin embargo, el dilema actual es si los descendientes
de esta nueva elite deben seguir gozando de tales beneficios.
En este sentido, los argumentos
más recientes a favor de las políticas de
discriminación positiva que incorporan una cláusula
de extinción admiten que es necesario evaluar el
efecto sobre los grupos beneficiarios en forma periódica
a fin de impedir que tales políticas se tornen
discriminatorias y exclusionistas.
Políticas públicas
en torno a la lengua - ¿inclusión o exclusión?
La identidad cultural
no es un juego de sumas y restas. Los hablantes nativos
de una lengua que no es el idioma dominante u oficial
del país—sea éste el vasco en España,
el zulú en Sudáfrica, el urdu en el Reino
Unido o el español en Estados Unidos—pueden
participar plenamente de la cultura y la política
nacional.
“El Estado puede
ser ciego ante la religión pero no puede quedarse
mudo ante la lengua,” dice Fukuda-Parr, con lo cual
apunta a la amplia variedad de políticas sobre
el “idioma oficial” que aplican los países
multilingües.
Poner limitaciones a la
capacidad de las personas de hablar su lengua materna
y restringir las facilidades para hablar el idioma nacional
oficial o predominante puede excluirlas de la educación,
el quehacer político y el acceso al sistema judicial.
En África Subsahariana se hablan más de
2.500 idiomas, pero muchas personas ven especialmente
limitada la capacidad de expresarse en su idioma en contextos
educacionales y en la relación con el Estado. Por
ejemplo, en más de 30 países de la región,
el idioma oficial es diferente de aquel que se usa con
mayor frecuencia y sólo el 13% de los niños
que reciben educación primaria lo hacen en su lengua
materna.
Por lo general, los países multilingües necesitan
una política basada en tres idiomas:
- Un idioma nacional
u oficial del Estado;
- Una lengua franca
para facilitar las comunicaciones entre diferentes
grupos (en algunos casos, este objetivo lo cumple
el idioma oficial);
- Reconocimiento oficial
de la lengua oficial o los idiomas nativos de aquellos
que no dominan totalmente el idioma oficial o la lengua
franca.
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