Noticias
Kemal Derviş, Administrador del PNUD, en el Día Mundial
del Agua, 22 de marzo de 2007
La
inseguridad en materia de agua amenaza el desarrollo humano
Ahora
que nos encontramos a mitad de camino hacia el logro de los Objetivos de
Desarrollo del Milenio (ODM), que incluyen la meta concreta de reducir a
la mitad el número de personas que carecen de acceso sostenible al agua
potable, el mundo sigue enfrentando serios retos en relación con el
abastecimiento de agua y el saneamiento.
Hoy, más de 900 millones de personas necesitan obtener acceso a una
fuente de agua mejorada para 2015, y más de 1,3 mil millones de personas
requieren acceso a servicios de saneamiento mejorados si es que han de
cumplirse las metas establecidas.
El tema del Día Mundial del Agua de este año, “Hacer frente a la escasez
de agua”, pone de relieve esta realidad y el hecho de que casi 800
millones de personas de todo el mundo sufren de estrés crónico por falta
de agua y la falta de agua amenaza con producir el derrumbe de los
sistemas ecológicos, intensificando la competencia por el vital elemento
e incrementando las tensiones transfronterizas.
Si bien el mundo no se está quedando sin agua en un sentido absoluto, al
mismo tiempo la inseguridad en materia de agua plantea una verdadera
amenaza para el desarrollo humano en mucho lugares y para una elevada
proporción de la población mundial. Alrededor de 700 millones de
personas de 43 países viven por debajo del umbral de estrés por falta de
agua, de 1.700 metros cúbicos por persona por año. Dentro de 20 años, 3
mil millones de personas vivirán en distintos países por debajo de ese
umbral.
Riesgo para la seguridad alimentaria
La necesidad cada vez mayor de agua de las ciudades, la industria, el
sector agrícola y las demandas energéticas cada vez mayores representa
un riesgo creciente para la seguridad alimentaria y de los medios de
vida ya frágiles de los pobres. El año pasado, en el Informe sobre
Desarrollo Humano del PNUD, se formuló un llamamiento al reconocimiento
del acceso al abastecimiento de agua seguro y asequible como un derecho
humano y a la adopción de un Plan de Acción Mundial que respondiera a la
crisis del agua. En este Día Mundial del Agua, reiteramos ese
llamamiento y recordamos también que si no abordamos adecuadamente este
reto se verá menoscabada nuestra capacidad para alcanzar todos los ODM.

Es irónico que
vivamos en un mundo en el que cuanto menos ingreso se percibe, tanto más
debe pagarse por el agua. Los hogares más pobres de muchos países en
desarrollo llegan a pagar hasta el 10% de sus ingresos en agua, en tanto
que en el mundo desarrollado si se gasta más del 3% de los ingresos en
agua, esto se considera una penuria económica.
Lo cierto es que
los retos de la crisis del agua son impulsados principalmente por
desigualdades fundamentales. Como se puso de relieve en el Informe sobre
Desarrollo Humano del año pasado, la escasez de agua no es una simple
deficiencia física o del medio ambiente, a menudo refleja la falta de
poder financiero y político.
Los pobres no
obtienen suficiente agua potable por la misma razón que no tienen la
posibilidad de votar, o de vivir libres de enfermedades, o de escapar de
los peligros de desastres o de conflictos, o de lograr el empoderamiento
económico. Con harta frecuencia, poco o ningún dinero equivale a poca o
ninguna voz, y a poca o ninguna oportunidad. Hacer frente a la crisis
mundial del agua es un paso indispensable para hacer frente a la pobreza
y apoyar el desarrollo humano más amplio.
Cambio climático
El cambio climático amenaza con socavar aún más los medios de vida de
los pobres. La disponibilidad de agua será más impredecible y habrá cada
vez más sequías, inundaciones y otros fenómenos climáticos
perjudiciales, que aquejarán más a los pobres de forma desproporcionada.
Los más pobres prácticamente no tienen ninguna responsabilidad del
cambio climático, sin embargo, en muchos casos son los más perjudicados
por sus consecuencias inmediatas.
En Asia y África subsahariana probablemente se verá afectada la
productividad agrícola. En países de poca altitud como Bangladesh, el
aumento del nivel del mar incrementará el riesgo de ingreso de agua
salina en las fuentes de agua potable. La formulación de estrategias
eficaces y asequibles para reducir y gestionar los riesgos y la
vulnerabilidad deben ser uno de los ejes principales de las políticas
nacionales de ordenación de los recursos hídricos y la asistencia
internacional.
La crisis del agua puede parecer desalentadora, pero pueden adoptarse
medidas concretas para abordar esta emergencia. Por consiguiente, el Día
Mundial del Agua es una oportunidad importante tanto para renovar el
debate sobre esta cuestión decisiva como para impulsar la acción. El
desafío que se plantea al Grupo de los Ocho y otros donantes es asumir
las necesidades de los pobres y seguir el ejemplo reciente del Reino
Unido, que se ha comprometido a duplicar el apoyo destinado al agua y el
saneamiento en África el próximo año y a volver a duplicarlo hasta
alcanzar 200 millones de libras esterlinas para 2011.
La inversión mundial necesaria para alcanzar el Objetivo de Desarrollo
del Milenio de reducir a la mitad el porcentaje de personas del mundo
que carecen de acceso al agua potable equivale al gasto mensual de agua
mineral embotellada en Europa y los Estados Unidos. El logro de los ODM
generará 38 mil millones de dólares de los EE.UU. en nuevos beneficios
económicos para el mundo en desarrollo. Hago votos por que el Grupo de
los Ocho tenga presente estas cifras en la Cumbre que celebrará en
junio.
Podemos contribuir a poner en marcha la próxima etapa del desarrollo
humano fortaleciendo la ordenación de los recursos hídricos, invirtiendo
y planificando ahora para hacer frente a los problemas actuales y
futuros de los recursos hídricos, y empoderando los países y las
comunidades para que asuman el control pleno de su situación futura en
materia de agua. Las soluciones no son principalmente hidrológicas ni
técnicas; el poder, la política y la gobernabilidad cumplen un papel más
importante en todos los niveles. Todos juntos tenemos los medios para
abordar la crisis mundial del agua; ahora necesitamos el compromiso, la
voluntad política colectiva y la respuesta normativa adecuada a estos
retos.